Según Eugenio Fraile, investigador principal del proyecto Vulcano, el volcán submarino Tagoro ha convertido a los ecosistemas marinos de la isla de El Hierro en un auténtico laboratorio natural sobre el cambio climático.
Durante el proceso eruptivo se dieron unas condiciones ambientales extremas que eliminaron la mayor parte de la vida marina. La temperatura del agua subió más de dieciocho grados centígrados, la acidez también aumentó notablemente y se produjo la desoxigenación del agua, desapareciendo un noventa y ocho por ciento del oxígeno disuelto. Además, con la erupción se incrementó extraordinariamente la cantidad de azufre y de hierro, entre otros materiales. Al producirse simultáneamente todas estas condiciones ambientales desaparecieron la casi totalidad de la flora y la fauna marina de la isla de El Hierro.
A partir del estudio de los datos que se están obteniendo de los ecosistemas marinos de El Hierro, que han estado sometidos a condiciones extremas, podrán hacerse predicciones de como puede cambiar la vida en los mares y océanos cuando, en un futuro no muy lejano, se vean afectados por un aumento de la temperatura, de la acidez y haya una desoxigenación del agua de mar.
Este volcán, que se originó a finales del 2011 a unos dos kilómetros al sur de la Restinga, todavía continúa en activo. Aunque no emite lava actualmente está liberando gases y calor. Es un proceso de desgasificación activo.
Desde el inicio de la actividad volcánica el Instituto Español de Oceanografía, junto con la Universidad de La Laguna, La Universidad de las Palmas de Gran Canaria y de otras Instituciones Científicas han realizado un minucioso seguimiento de todo el proceso geológico, obteniendo una gran cantidad de datos que permitirán conocer la evolución a lo largo del tiempo del volcán y de los ecosistemas marinos de la isla de El Hierro. Es un estudio multidisciplinar que queda englobado dentro del denominado Proyecto Vulcano.
En total ya se han realizado veintiuna campañas oceanográficas en la zona volcánica y todavía quedan tres pendientes de realizar. En la última se ha podido realizar un estudio batimétrico de gran precisión en el que puede verse como el volcán asciende desde los cuatrocientos metros de profundidad y sube hasta los ochenta y ocho y, además del cono principal, se han encontrado otros ocho de secundarios.
Desde el punto de vista biológico actualmente la situación ha cambiado ya que el volcán está produciendo un proceso de fertilización muy intenso, lo que hace que la vida esté volviendo a una velocidad mucho más alta que lo que cabría esperar en unas condiciones normales.
Artículo y vídeo de Bioimatge publicado en el El País el día 8.07.16